No solo porque llevaba tras ello unos meses ya. Sino porque literalmente ese día tenía "algo". De camino al agua en la furgoneta como de costumbre, ya vas pensando en esa nueva jornada, ¿será hoy el día? ¿con qué muñeco empiezo a pescar?, pero siempre con esa ilusión que nos caracteriza, aunque la jornada no sea la esperada.... la ilusión es gratis. Así que entre pensamientos de peces y señuelos, llego al agua sobre las 9 de la mañana, día ventoso y soleado, me gustan las condiciones, y mucho, así que abro a Duncan, saco la bolsa de señuelos, me pongo el cortavientos saco la vara, la monto... y cuando voy a echar mano del carrete, me lo había dejado en casa....no puede ser!! no me lo podía creer... No lo dudé un momento porque sabía que era el día, el sitio y las condiciones. Así que recogí trastos, me cambié, desmonte la caña, subí a Duncan al coche y camino a casa de nuevo ya que ese día se pescaba sí o sí... Tras otros 100 km y casi 2 horas después, vuelvo a e...
Aún es de noche cuando llegamos al agua, así que cojo los equipos, bolsos, y al tío Duncan y nos dirigimos a la orilla alumbrados por la linterna frontal, donde, con el alba amaneciendo y al ir acercándonos, se empieza a vislumbrar la silueta del barco de pesca donde hemos sido invitados para pasar la mañana, por mi gran amigo Álvaro. Tras saludarnos, y, agonías vivos, cargamos todo, incluido a Duncan, el cual va a ser su primera experiencia de pesca en barco, y nos echamos al agua con la primera luz... mola. Duncan y Álvaro manejando el eléctrico Nada mejor que navegar por el embalse donde entre amigos, comencé con este vicio de la pesca, reconociendo sitios donde pescabamos de chavales hace 15 años, con un pincho, un cascabel y una masilla a base de pan y anís del mono (especial) descubriendo rincones y reculas imposibles de verlas sino es desde embarcación, grandes cortados, en fin, goma pura lo de un barquito...pero lo mejor, salir con Álvaro, juntarnos y echarnos mil ri...